Cuando la guerra de Secesión americana llega a su fin, un grupo de soldados sureños, al mando del capitán Nentley, escapa del fuerte Haukes, donde estaban confinados como prisioneros. De su captura se encarga el mayor Wolcott, que acepta a regañadientes la orden, ya que la masacre que se verá obligado a hacer le parece inútil en circunstancias como ésta.