Aunque jamás lo reconocía ante su familia, Brianne Hawkins vivía dominada totalmente por Clay, su violento marido, quien no sólo la maltrataba físicamente, sino que había conseguido someterla a su voluntad de tal forma que ella encontraba normal todo lo que le estaba ocurriendo. Hasta que un día, habiéndose declarado autora de un asesinato que Clay había cometido, fue condenada a cadena perpetua y se vio privada de lo que ella más quería en el mundo, su pequeña hija Lily.