Nápoles, otoño de 1798. Luisa Sanfelice (Lae-titia Casta) es una noble, esposa del Caballero Sanfelice (Mariano Rigillo), a quien, a pesar de su aburrimiento e insatisfacción, le sigue sien-do fiel. Él es un necio derrochador, que gasta la fortuna de la familia en busca de un sólo objetivo: la aceptación del basto rey Fernando (Emilio Solfrizzi) y la fría y calculadora rei-na, María Carolina de Austria (Cecilia Roth). Un buen día aparece un jóven, Salvato Palmieri (Adriano Giannini), teniente de la compa-ñía general francesa, quien abrumado por la belleza de Luisa se las ingenia para robarle un beso. Ella le da una bofetada, pero en reali-dad se siente más conmovida que él. Comienza la revolución en Nápoles; las calles se llenan de barricadas. Los Borbón y su corte se refugian en Sicilia. El Caballero Sanfelice y su esposa están por partir con ellos, pero Luisa le ruega a su marido que se queden. Fi-nalmente sólo parte él, quedándose Luisa en Nápoles. La Repúbli-ca de Nápoles llegó a su fin en junio de 1799. Había durado casi cinco meses. Cincuenta mil napolitanos fueron asesinados, y otros miles fueron obligados a huir. Pero la idea de una Italia unida e in-dependiente ya había ocupado un lugar en la mente de las perso-nas y sesenta años más tarde se convertiría en una realidad.