
El juzgado de una ciudad de Camerún, que cuenta con dos mujeres entre los magistrados, es el encargado de los asuntos de divorcios, violaciones y abusos. Por allí pasan a diario hombres extrañados de que se los juzgue por maltratar a sus esposas. Las mujeres, víctimas potenciales en África, reciben un trato más suave que no preferente. De hecho, una de ellas, acusada de abusar de su sobrino, es furiosamente recriminada.