
Boris Plotz, director de la Funeraria Plotz, soñaba hace veinte años -cuando era un chico tímido y retraído- con dos cosas que aún no ha olvidado... el baile y Betty. Betty amaba en secreto a Boris, pero no fue capaz de contradecir los deseos de sus padres, así que finalmente se casó con el cazafortunas Hugh Rhys Jones. Boris renunció a sus sueños y se hizo cargo del negocio familiar de pompas fúnebres. Desde entonces las vidas de ambos han permanecido inalteradas en una tediosa rutina, hasta que la suegra de Betty muere. Boris y Betty se reúnen de nuevo para organizar el funeral de la anciana y a medida que hablan de los preparativos la chispa que surgió en su juventud vuelve a encenderse.