
Narra las peripecias que Don Arpagone realiza para que nadie se lleve su dinero, incluido el Vaticano, que, a través del cardenal Spinose, intenta apoderarse de su fortuna. La hija del Ávaro está enamorada del secretario de su padre, y el hijo lo está de la hija de Doña Lucrecia, arruinada por la muerte de su marido y al que el Ávaro tenía intención de casar con su hija. Pero antes descubrirán que el marido de ésta vive y que el secretario del Ávaro es hijo del rico caballero. El Ávaro se entrevista con el Papa y descubre al Cardenal, al que el Papa destierra, pero su tesoro ha sido robado.... En la Roma del Renacimiento, los políticos, los soldados, los eclesiásticos y los banqueros se movían sólo motivados por el dinero. Entre todos ellos destacaba por su ansia de riqueza don Arpagone, que utilizaba cualquier método a su alcance para incrementar su fortuna. Esto no pasaba inadvertido a los ojos del cardenal Spinosi, encargado de manejar las finanzas.