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Norte de Portugal. Santa Lucía es un pueblo aislado (población adulta, 39 personas), un lugar donde la gente es muy cerrada y los inviernos duros. Lo único que une a sus habitantes es la desconfianza hacia los forasteros y el deseo de tener una carretera asfaltada que les comunique con el resto de la región. Pedro (João Tempera), un ingeniero de caminos que lleva dos años en el pueblo trabajando en la carretera, se siente desolado cuando ve recortado el presupuesto oficial y toma la decisión de permanecer en el pueblo hasta que la carretera esté construida. Su chica, Ana (Isabel Abreu), una periodista en Lisboa, le apremia para que escoja: o la carretera o ella. Él se queda dudando y ella le abandona. Antes incluso de que Pedro haya empezado su campaña para conseguir financiación para la carretera, recibe una carta de las oficinas centrales en España de una empresa multinacional, Drinam, en la que le ordenan que cierre la página web que ha creado aduciendo una infracción en el nombre del dominio y amenazándole con ponerle una demanda por 500.000 euros si no lo hace inmediatamente. La web con fotos de la localidad que Pedro había creado como un pasatiempo había sido acogida con absoluta indiferencia por el pueblo, así que Pedro está deseando cerrarla. El único problema es que está a nombre de la asociación del pueblo y sólo sus miembros pueden cerrar el sitio. Pero ahora se niegan, siguiendo este razonamiento: si les pueden poner una demanda por 500.000 euros significa que la web vale 500.000 euros. Si Drinam quiere cerrarla, primero tendrá que comprarla.... Cuando por fin la carretera asfaltada iba a llegar al pueblo de Santa Lucía, el proyecto es cancelado. Pedro, su responsable, deberá luchar contra la desconfianza de sus habitantes, la ruptura con su novia, la búsqueda de nueva financiación y una demanda de 500.000 euros por infracciones en la página web del pueblo. ¿Será que la web vale tanto?...   Cuando por fin la carretera asfaltada iba a llegar al pueblo de Santa Lucía, el proyecto es cancelado. Pedro, su responsable, deberá luchar contra la desconfianza de sus habitantes, la ruptura con su novia, la búsqueda de nueva financiación y una demanda de 500.000 euros por infracciones en la página web del pueblo. ¿Será que la web vale tanto?