
Se basa en la historia real de Burt Munro (Anthony Hopkins), un neozelandés que nunca dejó que se desvanecieran sus sueños de juventud. Después de pasarse toda la vida perfeccionando su moto Indian de 1920, Burt Munro se desplazó desde Nueva Zelanda hasta Bonneville Salt Flats, en Utah, Estados Unidos, donde batió el récord mundial de velocidad en 1967. Nadie ha superado todavía ese récord, y su leyenda sigue viva.