Cuenta la leyenda que en el gran río de la selva amazónica fue concebido un varón, fruto del encuentro sexual entre un misionero y una nativa. Ambos fallecieron de forma violenta: él por la picadura de una serpiente y ella a manos de hombres blancos, poco después de dar a luz. El bebé fue criado por los delfines. Años más tarde, un sacerdote católico que conoció al misionero de la historia, encuentra al niño y lo conduce a un orfanato.