Un buen día, cuando Guillaume regresa de su bufete de arquitectos a su casa, su mujer, Cecile, le comunica que quiere divorciarse. Cecile quiere que los trámites del divorcio se realicen en términos amistosos, y que suponga lo menos duro para el hijo de ambos, Bastien. Guillaume no quiere divorciarse, ya que piensa que su matrimonio después de diez años está simplemente atravesando una crisis.