La muerte, bajo la apariencia de Sophie Evans, se presenta cada noche en el domicilio de cierto pintor abstracto enfrascado en su última obra y en una obsesiva partida de ajedrez que disputa consigo mismo. Amiga de las contiendas, ocupará el asiento del contrincante en dicha partida y demostrará ser un adalid digno de su naturaleza sobrehumana.